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el lado oscuro del corazón
Fotograma de la película El lado oscuro del corazón de Eliseo Subiela

VOLAR

Podría haber lavado estas manchas,
limpiar las sábanas
para que no quedase nada,
dejar caer la cabeza
sobre la almohada y gritar
que fui yo,
vivir de ese aire
que pasó
de lo que no alcancé,
de lo que jamás tuve.

De alguna manera
perdí hace tiempo
el norte;
suenan las trompetas
del retorno,
aletean
las gaviotas
en este cielo nublado.

Escucho los ecos de otra época.
Fui libertad,
también
he sido
miedo
dolor y rabia.

Anhelo de nuevo
la fuerza de los cuerpos,
-soy joven,
estoy vivo-
se bate
Freud en la consciencia.

Nada fue como esperaba,
o fue muy poco.
Porque hay que ser
esperanza.
Hay que iluminar
la negrura, soñar
con el hambre
y el reloj,
con la espera
que a veces llega.

Veo raro a lo lejos.
Me asusta el asfalto
y tengo el sabor
del neón
entre los labios.

Todo lo que amé
resuena de nuevo.
Deberia volver a Morrison y ponerme
esas viejas botas;
o dejar sonar el teléfono
y ofrecer de nuevo
lo voluptuoso,
la verdadera esencia
de la vela que arde,
de lo que siempre
quise
y apenas atisbo.

Era dificil elegir
entre la metáfora
y el futuro.
La metáfora pesa
y el amor
se desangra, pero
esta metáfora
insiste en dejar
su rastro,
en marcar las huellas
de su paso cansino.

Pude elegir la pasión
y me quedé
con la metáfora.
Ya se dijo
en la insportable levedad…:
-Todo amor,
para ser duradero,
para convertirse
y alcanzar,
requiere una metáfora-.

¡Maldita metáfora!
¡Me duele quedarme inmóvil!
¡Me duele no ganar
el valor!
No saber decir
me voy
o me quedo,
pero todo
será como esta arena
que se desliza entre mis dedos.

Estoy vivo.
Huelo a transpiración
de verano sin guía,
que llega con la sensualidad
de las alas extendidas,
con el eco
de los alcoholes nocturnos,
con la mirada
que uno guiña a la
tarde para morir
antes de que anochezca.

Qué me coman
los labios
igual que bebe el sediento,
qué me abracen como un templo.
¡Sólo quiero deseo!
¡Qué me deseen
con la felicidad
de gozar sin
más propuesta
que aullar
como los perros!

Emborracharme en tu pubis
anónimo,
morder las curvas
que fueron aliento.
El origen
del mundo
volviendo a arrebatarse
con la aspereza
de estas manos llenas
de trucos.

Tengo treinta y cinco miradas al tiempo,
treinta y cinco primaveras
de intensidad
relatada,
de lágrima y risa.
Estoy vivo.
Soy lo que
quieras que sea, días,
quizá ese labio húmedo,
esa estupenda fachada
de verte subir y bajar
escaleras desnuda,
como si esto fuera una tela de
araña construida
para todas las hermosas
mujeres
que jamás conoceré.

Pero hace falta
que lo sepas.
Sin que me pongas
tu culo
en mis labios
encedidos
no llegaré a subirte
al cielo
con el pestañeo
de este aliento,
con esta bajada a los infiernos;
y si no saben volar,
-ya lo dijo
Girondo-,
yo no no vuelo.

Copyright Ariño2008

OLIVEIRO GIRONDO

No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres.
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. “¡María Luisa! ¡María Luisa!”… y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…, aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo

BIOGRAFÍA

Oliverio Girondo nació el 17 de agosto de 1891 en Buenos Aires en el seno de una familia adinerada, lo que le permitió desde niño viajar a Europa, gracias a esto estudió en París y en Inglaterra. Escribió y publicó desde muy joven.
Participó en revistas que señalaron la llegada del ultraísmo, la primera vanguardia que se desarrolló en Argentina, con las revistas “Proa”, “Prisma” y “Martín Fierro”, en las que también escribieron Jorge Luis Borges, Raúl González Tuñón, Macedonio Fernández y Leopoldo Marechal, la mayoría de ellos del Grupo de Florida que en contraposición al Grupo de Boedo se caracterizaba por su estilo elitista y vanguardista.
Girondo fue uno de los animadores principales de ese movimiento. Y ejerció influencia sobre poetas de las generaciones posteriores, entre ellos el surrealista Enrique Molina, con quien tradujo “Una temporada en el infierno”, de Arthur Rimbaud.
Sus primeros poemas, llenos de color e ironía, superan el simple apunte pintoresco y constituyen una exaltación del cosmopolitismo y de la nueva vida urbana e intentan una crítica de costumbres.
En 1926, en un almuerzo organizado en honor a Ricardo Güiraldes, conoció a Norah Lange, poetisa con la cual se casó en 1943 y con quien emprendería innumerables viajes.
Desde 1934 mantuvo una importante amistad con Pablo Neruda y Federico García Lorca, quienes por esa época se hallaban en Buenos Aires. A partir de 1950 comenzó también a pintar con una orientación surrealista, aunque nunca expuso sus cuadros.
Su último libro, “En la masmédula” (1957), es un desesperado intento de expresión absoluta. Enrique Molina señaló: “Hasta la estructura misma del lenguaje sufre el impacto de la energía poética desencadenada en este libro único. Al punto que las palabras mismas dejan de separarse individualmente para fundirse en grupos, en otras unidades más complejas, especie de superpalabras con significaciones múltiples y polivalentes, que proceden tanto de su sentido semántico como de las asociaciones fonéticas”. Algunos críticos relacionaron este último gesto vanguardista de Girondo con un libro igualmente desesperado, constructor y destructor del sentido: “Trilce”, del peruano César Vallejo.
En 1961 sufrió un accidente muy grave que lo dejó imposibilitado físicamente. Murió el 24 de enero de 1967.

Obras

• Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922)
• Calcomanías (1925)
• Espantapájaros (1932)
• Interlunio (relato, 1937)
• Persuasión de los días (1942)
• Campo nuestro (1946)
• En la masmédula (1953)

ELISEO SUBIELA Y EL LADO OSCURO DEL CORAZÓN

En 1992, Eliseo Subiela decidió realizar una película homenaje a Oliveiro Girondo, una adaptación libérrima e imaginativa de sus poemas. Utilizó también versos de Benedetti -que hace un cameo sorprendente interpretando a un marinero alemán que recita sus propios poemas en esa lengua- y de Juan Gelmán. Es posible que la película haya envejecido, pero sigue siendo curioso volver a verla. Esta llena de vida y hermosa poesía.

Eliseo Subiela
Eliseo Subiela

magia

Magia

a Tchebe y a Ivan Ferreiro.

Magia
para las fusas
y las difusas,
sí bemol
entre lamentos de do
para el sonido
de las tardes de lluvia.

Magia para besarte
en el silencio
de un apagón,
en la marea de una
sentida playa desierta.

Magia para ser dos,
para ser tú y yo:
dos.

Magia de los rincones que perdimos,
magia de pretender,
de no llegar
y rozar.

Magia de tiempo
que suena
como las orquestas
de verbena,
magia de años
que se deslizan
por los dedos.

Magia de quererte,
de lamerte
despacio en la eterna
sonrisa de Eros.

Magia de tristes tigres,
de tardes
moribundas
que huelen
a naftalina rancia.

Magia de errar
e intentar,
magia de caer y volver;
de regresar a las lágrimas
de aquel día
o a la risa
escandolosa de abrazar
ese cuerpo que
se fue.

Magia de vivir
de pie,
de oír el aleteo
de las antiguas palomas.

Magia de creer
que este mundo
tiene alma
y no se partirá
de pena
el tobogan
que nos desliza.

Magia,
de que tu magia y la mia
se encuentren en la nada:
de ser tú
y toda la magia que amé,
de que seas yo
y todo cuanto amaste.

Magia.
La magia
de volver a ser.

Copyright Ariño2008

Joseph Conrad- Francis Ford Coppola.
El corazón de las tinieblas. Apocalypse Now

La literatura es una especie de denominador común que entrelaza a los autores con sus lectores, a los lectores con otros lectores, a los hombres de distintas épocas, razas o lugares, que une en definitiva al ser humano con la compleja red de la vida. En un mundo especializado como el que vivimos, tan a menudo carente de verdad o de autenticidad, la buena literatura establece ese diálogo verdadero con el tiempo y los hombres, tan parecidos entre sí a lo largo de la historia. Renunciar al acto lector, no sólo es una renuncia individual a uno de los placeres más satisfactorios que posee a su alcance el ser humano, ni siquiera significa limitar su comprensión o su capacidad de mirar , sino que es un problema colectivo, un vacío difícil de llenar por otras actividades que apenas iluminan un ápice nuestro devenir, que lo alejan de ese diálogo necesario con el tiempo, las circunstancia de la vida, el pasado y el presente.
Me ha sucedido a menudo que ante una persona con la que no me unía nada, o por la que incluso podía sentir una antipatía inexplicable, un comentario sobre literatura de sus labios la hizo cercana, un interés común sobre algún autor que ambos adoramos propició inmediatamente la proximidad al margen de nuestras diferencias sociales, económicas, culturales o intelectuales, más que nada por que la literatura habla de eso, de lo único importante, de la vida. Siempre pensé que la lectura atenta, frecuentar a los clásicos de todos estos siglos de novela, poesía y cuento, era un extraordinaria forma de lucidez y comprensión, un arma cargada de futuro que permitía atisbar con mayor riqueza el horizonte vital limitado que la existencia nos obliga a cumplir. Los clásicos no son aburridos, y cuando digo clásicos igual menciono a poetas griegos que a algunos de los excelentes novelistas de los siglos XIX y XX, época del esplendor de la novela.
El argumento por el cual los seres humanos justifican su ausencia de pasión lectora resulta fácilmente desarmable, y aunque me provoca hastío hasta su enunciación, e incluso cierta pena por los iletrados -y no me refiero a los analfabetos-, no debemos obviar lo peligroso que puede ser hallarse en una sociedad en la que la literatura sea simplemente una actividad secreta, solitaria y ajena al porvenir, rodeados por aquellos que desprecian la ficción literaria o por esos desconcertados lectores embaucados con sucedáneos novelísticos de escaso nivel.
A lo largo de la historia, todas las artes se han alimentado unas de otras. Hubo épocas, como ese vertiginoso final del siglo XIX, en las que la pujanza de la pintura disparó posteriormente el desarrollo de las vanguardias literarias y poéticas de comienzos del veinte. Ha habido periodos a la inversa, en los que el teatro o la narrativa impregnaban de temas y asuntos la pintura o la música.


El caso de Joseph Conrad y de Francis Ford Coppola es sin duda ejemplificador de las relaciones entre las artes; el encuentro entre uno de los grandes novelistas situados entre el siglo XIX y el XX, y uno de los más excelsos artistas del cine de todos los tiempos.
Cuando afronté este post, la idea llevaba largo tiempo germinando. El diálogo del arte es exigencia para la continuidad de su vigencia. Algunos revolucionarios de las vanguardias creyeron que la ruptura conllevaba la denostación y la negación, y ambas, por sí mismas, bastaban para provocar una evolución, sin embargo se equivocaban, toda revolución efectiva -hablemos en términos artísticos o poéticos- debe partir del profundo conocimiento de lo anterior para convertirse en algo fértil y duradero, idea que los novelistas del XX comprendieron bien, extrapolable a cualquier otro asunto de la existencia y los intereses humanos.
He vuelto a leer el Corazón de las tinieblas y debo reconocer que su lectura ha sido mucho más atenta y enriquecedora que la primera que lleve a cabo a principios de los años noventa. La novela me parece ahora más extraordinaria.
El argumento del libro es en apariencia relativamente sencillo. Gira en torno a un pequeño desplazamiento en barco por la desembocadura del Támesis. Un grupo de hombres, en la cubierta de una pequeña yola de crucero, se detienen a poca distancia del mar. Todos ellos parecen marineros viviendo una época tranquila en agua dulce, sumidos en el crepúsculo de sus vidas. El capitán Marlow comienza entonces el relato de un viaje alucinante que los demás contertulios escuchan. Marlow estuvo en el Congo, en la época en que la Compañía Belga explotaba el país africano.
Joseph Conrad utilizó para urdir la novela su propia experiencia; un viaje terrible que realizara en 1889, contratado por la mencionada Compañía comercial, a la búsqueda de un agente extraviado en el corazón del Congo. La grandeza de la literatura es que a pesar de ser un reflejo de la vida y la experiencia de los hombres que la escriben, sus ramificaciones, sus mentiras convertidas en verdad por el arte del talento, terminan por alcanzar el corazón y la inteligencia de quienes la leen, aunque sean gentes de otro tiempo. En la época en la que Conrad se enroló en el Villa de Macieo, en Burdeos, para embarcar rumbo a África, Leopoldo II, infame rey de los belgas, explotaba el Congo con la avaricia de los grandes genocidas de la historia. Por entonces, casi nadie lo sabía. El Rey dilapidó cantidades ingentes de dinero en disimular la rapiña y el asesinato en que había convertido su supuesta misión económica. Desde distintos foros sociales, religiosos o políticos, Leopoldo se empeñó en mostrar ante el mundo que su lucrativo negocio era una especie de acuerdo de libre comercio entre los africanos y Europa, en un afán digno de las mejores campañas publicitarias de la historia, encaminada a vender las bondades de la civilización y sus efectos beneficiosos para los pueblos salvajes, mientras su reinado se convertía en un baño de sangre atroz. Según algunos historiadores de prestigio como Adam Hochschild, millones de congoleses fueron sometidos a una explotación infame a fin de que se cumplieran las cuotas que la Compañía fijaba a las aldeas, las familias y los individuos del país, y llenaban las arcas del monarca de marfil, caucho y resina y de copal, que vendía luego a precios elevados en el resto de Europa, enriqueciéndose de modo milagroso. La Compañía tenía una organización militar que protegía todo el comercio, y el único gasto que ensuciaba las fabulosas ganancias, era el que destinaba la compañía al pago de los bandidos y mercenarios que se encargaron de extender el terror por toda la selva. La población del Congo fue reducida a la mitad en los veinte años que duró la explotación de Bélgica (se creen que murieron entre cinco y siete millones), y sólo el esfuerzo de un puñado de hombres que denunciaron la situación, impidió que se extinguiera por completo.
Cuando Conrad llegó al Congo, y en vez de dirigir el barco previsto, el Florida, tuvo que subirse al Roi del Belges, bajo la órdenes del capitán sueco Ludwig Koch, muy poca gente en occidente sabía de las barbaridades que se estaban cometiendo allí. De los tres años previstos que el escritor polaco estableció en su contrato, sólo soportó seis meses, y regresó a Europa el 4 de diciembre de 1890, extenuado, vacío, lleno de dudas y del horror que había vivido. Nueve años después, escribió El corazón de las Tinieblas.
Para algunos, la actitud de Conrad podrá ser censurable, porque no denunció lo que había visto como hicieron, por poner ejemplos, el justiciero irlandés Roger Casament (del que Vargas Llosa prepara una novela), o el periodista belga Morel, pero su compromiso fue con el arte, y por añadidura, posteriormente, con la verdad. ¿Acaso no es ahora más terrible y verdadero, más efectivo que cualquier libro de historia o texto periodístico la extraordinaria recreación de El Corazón de las tinieblas, hasta el punto de erigirse como símbolo anticolonialista y de la barbarie de la civilización? Conrad decidió hacer eterna su experiencia.


Los fascinante de esta historia, entronca sin duda alguna con el sentido de la literatura, con el modo en que Coppola, más de sesenta años después, leyó con suma atención la novela de Conrad, y no sólo comprendió el texto, lo hizo suyo, lo asimiló con todas sus consecuencias, sino que, enarbolando su capacidad mítica, inspiró su propia denuncia, su compleja película, iluminando sus experiencias sobre Vietnam, haciéndole comprensible el objeto de esa compleja guerra, sus emociones e ideas al respecto, hasta el punto de pertrechar finalmente esa obra maestra del cine de todos los tiempos, desmesurada e imperfecta, a menudo deslumbrante y maravillosa, que es Apocalypse now.
Resulta enriquecedor observar el paralelismo entre ambas historias, cada una de ellas ambientada en los lugares que fueron experiencia y preocupación de los dos genios, no sólo como un diálogo entre artistas de extraordinario nivel, sino como el encuentro de dos seres humanos que nunca se conocieron ni fueron siquiera contemporáneos, y que, sin embargo, establecieron un diálogo profundo y deslumbrante sobre el mismo asunto: el horror humano.


A Joseph Conrad se le consideró durante años un escritor menor, especializado en novelar aventuras marinas. Fue la crítica años después de su muerte -y sobre todo los lectores, que nunca lo abandonaron- quienes recuperaron el autentico valor de su trabajo.
El corazón de las Tinieblas no es una novela de aventuras al uso. Utiliza la excusa del viaje para emprender un camino hacia la oscuridad interior del ser humano, para describir el efecto de la civilización, su prepotencia técnica, en el alma de los hombres, entendiendo civilización como ese modo artificial de relacionarnos limitando nuestros instintos y organizándonos en comunidades sociales y económicas. Tampoco fue un panfleto anticolonialista sin más, como se quiso ver durante algún tiempo, en esa época en la que la teoría literaria pareció encaminarse hacia un estudio sesgado de su valor. Estoy convencido de que cualquier lector medio que acceda a las páginas de la novela, terminará por hallar en la narración de Marlow aspectos de su propia vida, de su particular modo de pensar y sentir el mundo en el que vive.


La historia que Coppola y Conrad contaron es muy similar salvo en lo accesorio. Marlow -como el capitán Willard en la película- inicia la historia contando años después su fantasmal recorrido por un gran río africano en un barco de vapor. En Apocalypse now, es una barcaza de guerra que tiene que cruzar las líneas del Vietcong por agua. Marlow tiene una misión, encontrar al agente Kurtz y descubrir que está sucediendo, por qué el agente más productivo de toda la Compañía Belga, ha dejado de repente de enviar las cantidades de marfil que enviaba. El Capitán Willard en la película, recibe la orden de encontrar a Kurtz porque se rumorea que sus métodos se han endurecido, y sobrevive cerca de la frontera con Camboya con un ejército de soldados fieles y entregados indígenas que lo veneran. Los informes que recibe del alto mando hacen pensar que el Coronel se ha vuelto loco.
Marlow se adentra en el sinuoso recorrido fluvial, encuentra antes un barco militar francés bombardeando sin razón alguna la costa, como si no luchara contra nada más que la exhuberancia y la naturaleza del continente; puestos medio abandonados en el corazón del Congo, donde hombres civilizados han perdido el sentido y la disciplina, y se entregan a actos irracionales y actitudes extravagantes para combatir el vacío y la desesperación que sufren, bordeando sin remedio la demencia. Willard, en la película de Coppola, atisba en su largo recorrido el sin sentido de la guerra, la indefensión de aquellos soldados enviados lejos de su tierra al infierno sin preparación ni posibilidad de triunfo. Conforme va abriendo los distintos informes que el estado mayor le proporciona sobre el coronel Kurtz, comprende hasta que punto fue un hombre honesto, inteligente y capaz. Su transformación, como la del Kurtz literario, es un misterio que se va entrelazando con la hostilidad del paisaje bélico, con la inmensidad de esa selva en la que se pierden. La imagen del capitán Kurtz, conforme Marlow describe en sus encuentros la información que le van dando los personajes que halla en su recorrido, se convierte en un ejemplo de inteligencia y honestidad, agujerado inesperadamente por un comportamiento ilógico e indigno a partir de cierto momento. Siente una curiosidad inmensa por comprenderlo, conforme más sabe, como le ocurre a Willard en Apocalypse now, más desea aproximarse a él, conocer su secreto.


En ambas obras, Kurtz se relaciona no sólo con las oscuras instituciones históricas y económicas a las que la codicia y la crueldad corrompen, sino con esa propensión escondida a la caída, al abismo, a la corrupción moral del espíritu humano cuando debe sobrevivir por encima de todo. En el caso de Conrad, este acercamiento se adhirió a la propia idiosincrasia de un testamento tan nefasto y asesino como lo fue la Compañía, y en la película de Coppola, se refleja en la maquinaria militar norteamericana, en sus verdaderas motivaciones secretas, tan representadas en el cine y evidentes en los diferentes conflictos en los que ha intervenido. Coppola trasladó la acción a esa guerra quizá para advertirnos que, tras cada gran gesto del gigante norteamericano, teñido de ese patriotismo que resulta tan incomprensible a estas alturas para los europeos , se hallaba la misma amoralidad que el escritor halló en su viaje a las tinieblas.
El Coronel Kurtz acepta el destino que la guerra le pone delante, pero no se limita a fingir, sino que se acerca a las verdaderas motivaciones del ejercito, y proclama que él puede resolver ese conflicto si le dejan, sin aspavientos, sin temor ni tantas bajas humanas. Es evidente que se ha vuelto loco a juicio de las autoridades, pero la razón no es otra que las propias circunstancias de la guerra. ¿Acaso en las escenas en las que vemos a Robert Duvall (teniente coronel Bill Kilgore) admirar a la aviación de los Estados Unidos rociar de Napalm los bosques no encontramos la locura del conflicto bélico, esta vez protegida por la aceptación oficial de sus métodos?. El coronel Kurtz asume el horror de cualquier contienda, lo convierte en el fondo en una metáfora de sí mismo, de su propia barbarie interior, de su condición humana, de ese lugar oscuro que puebla el alma de cualquier hombre por civilizado que sea, y lo hace en nombre de los salvadores que van a liberar del comunismo a Vietnam.
A Conrad, le interesaba alcanzar la esencia de Kurtz y relacionarla con los exceso coloniales, con la falsa moral y la prepotencia de occidente frente al resto de civilizaciones.


Kurtz es en ambos casos un hombre de ideas, un poeta, un músico, un político que, por razones misteriosas, se convierte en la expresión más horrenda del alma humana, empujado por aquellos que lo dirigen. En las dos historias se erige, pese al narrador del corazón de las tinieblas, el capitán Marlow, y el capitán Willard que guía los acontecimientos en Apocalypse now, en el protagonista, es una pura incógnita a resolver, un dato escondido, la luz que guía la historia, una fugaz aparición en el ocaso de la novela que no logra reemplazar todo el trayecto anterior en el que acompaña a los personajes como un fin o una figura inasible, etérea. En la película, gracias al extraordinario papel de Marlon Brando y al modo en que Coppola filma el encuentro, gana un protagonismo presencial, una intensidad mayor que en el texto literario, aun a costa de perder precisamente su aura poética, aunque queden las memorables imágenes sombrías, en las que atisbamos el portentoso físico de Kurtz encarnado por Brando, su modo de rezar, de recitar, de comprender, accediendo a imágenes poderosas y hermosas, que alimentan en el cineasta un final distinto al del escritor.
No contaré el final de las dos historias, sin embargo difieren, quizá por que Coppola era ya un hombre del siglo XX, sumido en ese periodo en el que las utopías terminaban, y la inocencia había sido sustituida por la afilada mandíbula de los poderosos sin trabas ni remordimientos. Los dos artistas fueron críticos con su tiempo, de alguna manera leyeron lo que terminaba de suceder y lo que vendría después. ¿No es cierto que la experiencia de Vietnam -y no me refiero a la derrota de los Estados Unidos y a la enorme carga psicológica para el país y sus combatientes, que necesitaría de un análisis más largo y distinto- se pude trasladar cuarenta y tantos años después a la de Afganistán o a Irak?. Se pelea por un interés político, y las razones de la guerra, tal y como nos contó Coppola, ya no poseen, si es que alguna vez fue así, ningún componente heroico o virtud alguna que no sea el juego de intereses de unos pocos que envían a sus soldados a morir sin importarles otra cosa que su beneficio: Juegos de cuatro generales y un puñado de congresistas avariciosos de hacer negocio.


Coppola supo que aquella era la primera guerra de la era moderna, que detrás del coste de vidas, tras los rastros de las amoralidades allí cometidas y la protesta masiva que se produjo en su país, no había más que razones oscuras, motivaciones sin sentido, desconcierto y abandono, y de ahí su afán por demostrarlo a través de esa antigua historia de Joseph Conrad que le fascinó. El teniente coronel Bill Kilgore toma una zona de la costa tan sólo porque allí se levantan magníficas olas para hacer surf. ¿Puede haber algo más absurdo, mejor ejemplo que la muerte de seres humanos tan sólo por el afán de un oficial empeñado en surcar las olas en su tabla?. Conrad prefirió llevar la novela hacia un conflicto moral distinto, cuyo contenido no adelantaré. Marlow, el narrador de El corazón de las Tinieblas, nos depara como conclusión una escena extraordinaria que trasciende la intención aventurera del texto, cerrando magistralmente una de las obras maestras de la literatura de todos los tiempos.

En el manuscrito original de Joseph Conrad, figuraba una alusión sardónica a Leopoldo II (un rey de tercera clase) y referencias geográficas, así como los nombres auténticos de las estaciones y las factorías de la Compañía que él visitó en su estancia en el Congo. Curiosamente, en el manuscrito que publicó nueve años después, por entregas, entre febrero, marzo y abril de 1899, en la revista Blakwood´s magazine, y en forma de libro tres años después, en 1902, con otros dos relatos, Conrad eliminó esas referencias, quitó las menciones del texto original a Leopoldo II, pretendió borrar esos elementos que le parecían más propios de un libro documental que de una verdadera novela de ficción. Supongo que entendió que la verdad de las mentiras -frase afortunadísima de Vargas Llosa- era algo más poderosa que la propia verdad histórica por terrible que fuera, y que lejos de pretender crear un documento de denuncia, prefirió legarnos una obra literaria con la suficiente entidad como para ser eterna, para ejemplificar no solo los horrores cometidos en el Congo por este reyezuelo ebrio de riqueza, sino a todos los desmanes y rapiñas que Occidente pudo y podrá cometer contra el tercer mundo u otros pueblos menos poderosos.
Lo importante a mi juicio de esta relación, finalmente son las ramificaciones humanas que proporciona la literatura, la posibilidad de relacionar, de utilizar la inteligencia servible y potencialmente enriquecedora del ser humano, la asociativa, la que contradice con su lucidez la excesiva especialización, la tecnificación sin comprensión y la estupidez de los hombres, hasta convertir esta pieza literaria en un mito sobre la decadencia de la gloriosa civilización europea, y sobre todo su efecto posterior, que un artista de la talla de Francis Ford Coppola fuera heredero de aquel texto, lo leyera con precisión, y lograra interpretar, con su enorme talento, la vigencia del Corazón en las tinieblas, que se me antoja, mientras siga viva la llama de la literatura, eterna.

Joseph Conrad

Joseph Konrad nació en Berdiczew (Ucrania), el 3 de diciembre de 1857, el año en que se editó Madame Bovary de Flaubert, en el seno de una familia polaca de la pequeña nobleza. Con el tiempo su apellido perdió su origen polaco y adquirió ese Conrad sajonizado. No fue desde luego un escritor al uso, quiero decir, que empezó a escribir tarde y no en su lengua materna, sino en la que había heredado junto con su nacionalidad años después, el inglés. Huérfano desde niño, se crió con sus tíos. Fue marinero y aventurero. Su primer destino lejos de su tierra fue Marsella, adonde se traslada en 1874, con sólo diecisiete años, para enrolarse en el primero de sus largos viajes. Navegó con bandera francesa inicialmente, en oscuros navíos de contrabando de armas destinados a la causa de los carlistas en España. Su vida fue dura y azarosa, en 1878 se intenta sucidar en Marsella, desesperado y hastiado de la vida, pero la casualidad le hace fracasar en su intento, y parte hacia Inglaterra. Se inscribe después de concluir sus estudios en la Marina británica como segundo oficial, y comienza su andadura por Extremo Oriente, Australia, Singapur e Indonesia.
En 1886 adquiere la nacionalidad británica al tiempo que alcanza el rango de capitan mercante de la Marina, y escribe su primer relato conocido Tit-Bits, que tardaría aún casi una década en publicarse en el London Magazine. Durante dos años se instala en Extremo Oriente y no regresa hasta finales del 88. En 1889 es contratado por la Compañía Belga de Leopoldo II y se adentra en el corazón del Congo, experiencia que sería el germen vital del Corazón en las tinieblas. Hasta 1896 realiza numeroso viajes, y ese año comienza a dedicarse profesionalmente a la literatura. A partir de ese momento su mundo gira en torno a las letras, aunque con periodos de carencias económicas agudos y años de depresiones. Publicó numerosos textos y varias colecciones de relatos. Le fue concedido un título nobiliario que rechazó. Murió en 1924, en Bishoosbourne, dejando incompleta su última novela, Suspense.

Novelas

• La locura de Almayer (Almayer’s Folly) (1895)
• Un vagabundo de las islas (An Outcast of the Islands) (1896)
• El negro del Narciso (The Nigger of the ‘Narcisus’) (1897)
• El corazón de las tinieblas (Heart of Darkness) (1899)
• Lord Jim (1900)
• Los herederos (The Inheritors) (1901), con Ford Madox Ford.
• Tifón (Typhoon) (comenzado en 1899 y publicado en Pall Mall Magazine en 1902
• Romance (1903), con Ford Madox Ford.
• Nostromo (1904). Publicado por Verticales de Bolsillo, Editorial Belacqva, 2007.
• El duelo (1907)
• El agente secreto (The Secret Agent) 1909; publicado en Harper’s; incluido en el libro Entre la tierra y el mar (Twixt Land and Sea, 1912).
• Una sonrisa de la fortuna (A Smile of Fortune) 1910; publicado en London Magazine en 1911; incluido en el libro Entre la tierra y el mar (Twixt Land and Sea, 1912). Publicado por Editorial Belacqva, 2006.
• Freya, de las siete islas (Freya of the Seven Isles) 1910; publicado en Metropolitan Magazine y London Magazine en 1912; incluido en el libro Entre la tierra y el mar (Twixt Land and Sea, 1912).
• Bajo la mirada de occidente (Under Western Eyes) (1911).
• Crónica personal (A Personal Record) (1912).
• Chance (1913).
• Victoria (Victory) (1915).
• La línea de sombra (The Shadow Line) (1917).
• La flecha de oro (The Arrow of Gold) (1919).
• Salvamento (The Rescue) (1920).
• The Nature of a Crime (1923) con Ford Madox Ford.
• El pirata (The Rover) (1923).
• El espejo del mar


Historia de Apocalypse Now

El plan inicial había sido rodar Apocalypse Now de acuerdo con el guión original de John Milius. Sin embargo, ya antes de partir hacia Filipinas, Coppola había decidido introducir diversos cambios no sólo argumentales sino en cuanto a los personajes, y sobre todo optar por otro final distinto para acercarse más al sentido de la novela. Una vez allí, todo fueron problemas; desde tifones que destruyeron los decorados y el clima asiático que dificultaba enormemente el rodaje en exteriores, la sustitución, con el rodaje ya comenzado, de Harvey Keitel por Martin Sheen en el personaje de Willard, la negativa de Brando a interpretar el papel de Kurtz como el director le pedía y sobre todo, los continuos cambios introducidos en el guión por un Coppola que no estaba nada seguro del rumbo que debía de seguir la historia, provocaron que se rodasen multitud de escenas de diferentes maneras, que otras se abandonasen y que incluso tuviesen que rodarse tomas adicionales mucho después. Para colmo Martin Sheen, que decidió, para dar más realismo, rodar las primeras escenas del guión en las que tenía que interpretar la ebriedad de Willard borracho de verdad, sufrió una crisis cardíaca que pospuso varias semanas el rodaje. Marlon Brando, llegó a Filipinas exageradamente más grueso de lo que requería el personaje, y en vez de lucir el cabello largo como había pensado Coppola, tenía la testa completamente rasurada.

Coppola, al igual que Marlow en la novela, o que Willard en su película, vivió en sus propias carnes su particular descenso a los infiernos, estableciendo un curioso paralelismo con la historia que se disponía a narrar, lo que aportó a la película una autenticidad evidente, y le obligó a afrontar los numerosos cambios que le surgía sobre la marcha, alargando la realizacion más allás de las previsiones más pesimistas. Duró 50 semanas de tiempo activo sin contar las semanas de interrupciones en el rodaje, por otra parte frecuentes.

Ello provocó que el presupuesto de la cinta pasara de los 10 millones iniciales a 30 millones de dólares y que Coppola, en aquel entonces en un estado mental y de salud precario - perdió más de 30 kilos durante el rodaje - llegase a Hollywood con decenas y decenas de rollos de imágenes impactantes, pero que carecían del más mínimo atisbo de unidad narrativa como película.

La publicación del libro Despachos de Guerra, escrito por el periodista Michael Herr (posteriormente co-guionista de La Chaqueta Metálica en 1987), en el cual el autor narraba sus experiencias en Vietnam llamó la atención de Coppola, que inmediatamente reclutó a Herr para el proyecto.”El principal problema de las imágenes residía en que habían sido rodadas pensando en apoyarlas mediante una narración -recuerda Murch - pero debido a los numerosos cambios en el guión, cuando Francis terminó el rodaje esa narración no existía como tal”.

Por ello, a Herr se le encomendó la tarea de escribir una nueva narración en off para el personaje de Willard, con el fin de guiar al espectador a través del infierno.

Coppola estaba obsesionado con la escena inicial del film: “Una imagen sencilla de árboles en la pantalla, cocoteros que se ven a través del velo del tiempo o un sueño. De vez en cuando, se elevan por el fotograma bocanadas de humo de colores. Oímos música sugerente de 1968 o 1969, tal vez los Moody Blues o “The End”, de The Doors. Entonces, los trenes de aterrizaje de los helicópteros se mueven por todo el fotograma, pero sin que podamos distinguirlos del todo, más bien unos bultos sólidos que se mueven por el fotograma. De repente, sin previo aviso, los árboles estallan en una llama de napalm color rojo anaranjado y empezamos los créditos principales, la vista se desplaza de izquierda a derecha por los árboles en llamas, al tiempo que se mueven los helicópteros fantasma”.Walter Murch recuerda al respecto que “poner una canción titulada The End al principio tiene su ironía y a pesar de todo, hay imágenes del principio que anuncian el final, así que, en cierto modo, es telegráfico. Este es el único elemento recurrente (utilizar a The Doors) que investigamos a conciencia en muchos montajes de la película, pero llegó a ser algo tan previsible, por pura curiosidad, que decidimos no exagerar el recurso.

Una vez se pudo conseguir mediante el montaje que la película gozara de cierta estructura lógica, a mediados de 1978 se llevaron a cabo diversos pases privados de prueba de la película, con resultados desastrosos. Francis Coppola escribió en su diario por entonces: “El mayor temor que tengo, y llevo meses teniéndolo: La película es caótica. Caótica en la continuidad, en el estilo, y lo más importante, el final tampoco funciona, ni en el público ni a nivel filosófico. Brando es una decepción para cualquier tipo de público; la película alcanza su nivel más alto en la jodida batalla de los helicópteros”.

Los pagarés vencían, Coppola se quedaba sin dinero y la película era un desastre. Sin embargo, el estudio resultó ser su mejor aliado, aceptando una y otra vez los numerosos retrasos en el estreno final del film, que debía haber tenido lugar en 1977, y permitió a Coppola, Walter Murch y el resto de montadores del film (Richard Marks, Jerry Greenberg y Lisa Fruchtman) gozar del tiempo que estimasen oportuno para terminar el film.

A finales de 1978, Coppola y Murch tomaron una importante decisión; eliminar al completo la escena de la plantación francesa. Habían previsto un intermedio después de la masacre del sampán (según John Milius la única escena íntegramente debida a la pluma de Coppola) y la película seguiría después de la interrupción con la muerte de Limpio, su posterior entierro en la plantación, la cena en la plantación y la escena de amor. La escena gustaba a todos, pero como recuerda Murch “resultaba dificil digerir en esa parte de la película -era un lastre demasiado pesado para la evolución del viaje de Willard hacia Kurtz- y no se nos ocurría cómo meterlo antes, y en el lugar donde sucedía de manera natural parecía demasiado tarde”.

En aquellos momentos fue también cuando desapareció la escena de las playmates, el helicóptero y la gasolina.

Una vez más o menos terminado el montaje, comenzó una nueva y ardua tarea, sonorizar el film. Richard Beggs, que participó en el sonido, recuerda que a pesar de todo el tiempo que la producción había pasado en Filipinas, irónicamente, nadie había reparado en grabar sonidos de la jungla, armamento, helicópteros, municiones, etc. Además, debido a los ruidos naturales de las localizaciones, todo el diálogo debía ser doblado en la postproducción. Por ello, y debido a que querían prescindir de todo catálogo existente de grabaciones de éste tipo, los miembros del equipo de sonido se trasladaron a diversos campamentos militares a rodar en persona cada uno de los efectos de sonido del film, así como los ruidos de la jungla y resto de sonidos más habituales.

Del caos, surgió esta extraordinaria y monstruosa película.

La versión Redux que preparó recientemente Coppola, gracias a los nuevos efectos digitales y al distinto montaje, más personal, así como a las escenas añadidas, es la versión más próxima a la película que el cineasta quiso grabar.

Francis Ford Coppola
(Detroit, EE UU, 1939) Director, guionista y productor de cine estadounidense. Hijo de una familia de emigrantes napolitanos, a los nueve años contrajo la poliomielitis, lo cual le obligó a permanecer en cama durante una larga temporada y a depender, en su primera adolescencia, de los cuidados de sus mayores, tiempo que aprovechó para desenvolverse con la cámara filmando escenas familiares. Tras graduarse en la escuela de cine de la Universidad de Los Ángeles, colaboró con Roger Corman en varias películas de terror, tarea que compatibilizó con sus primeros trabajos como director, los cuales recibieron una tibia respuesta del público y la crítica.
En 1969 fundó sus propios estudios y, aquel mismo año, recibió un Oscar por su trabajo como guionista en Patton. Ello motivó que en 1972 la Paramount le encargara el guión y la dirección de El padrino, basada en la novela de Mario Puzo y galardonada con tres Oscar. Una segunda parte, rodada en 1974, cosechó idéntico éxito. Convertido en una leyenda del cine por esas dos películas extraordinarias, Coppola se enrola en proyectos más personales, y es en 1979 cuando ve la luz Apocalypse Now, para muchos su gran trabajo, cuyo fracaso económico le obligó a rodar películas de menor presupuesto y por encargo. Posteriormente realizó una tercera parte de El padrino, en 1991, y una nueva versión de Drácula (1992).
Actualmente está rodando en argentina su nuevo trabajo Tetro, y asegura estar convencido de abrir nuevos caminos para el cine.

Lista de películas
Peliculas dirigidas
1963 • Dementia 13 • Guión: F.F. Coppola
1966 • Ya eres un gran chico • Guión: F.F. Coppola
1968 • Finian’s Rainbow • Guión: E.Y. Jarburg y Fred Saidy
1969 • LLueve sobre mi corazón • Guión: F.F. Coppola
1972 • El Padrino • Guión: F.F. Coppola y Mario Puzo
1974 • La Conversación. The conversation• Guión: F.F. Coppola
1974 • El Padrino II • Guión: F.F. Coppola y Mario Puzo
1979 • Apocalypse now • Guión: F.F. Coppola y John Milius
1982 • One from the heart • Guión: F.F. Coppola y Armyan Bernstein
1982 • Hammett Director: Wim Wenders y Francis Ford Coppola
1983 • Rebeldes. The Outsiders • Guión: F.F. Coppola y Susan E. Hinton
1983 • La Ley de la Calle. Rumble Fish • Guión: F.F. Coppola y S.E. Hinton
1984 • Cotton Club • Guión: F.F. Coppola
1986 • Peggy Sue got married • Guión: Jerry Leightling y Arlene Sarner
1986 • Captain EO •
1987 • Jardines de piedra • Guión: Ronald Bass
1987 • Faerie Tale Theatre: Rip Van Winckle • Guión: F.F. Coppola
1988 • Tucker: The man and his dream Tucker, el hombre y su sueño • Guión: Arnold Schulman y David Seidler
1989 • Life without Zoe. Episodio de Historias de Nueva York New York Stories- • Guión: F.F. Coppola y Sofia Coppola
1990 • El Padrino III • Guión: F.F. Coppola y Mario Puzo
1992 • Drácula de Bram Stoker • Guión: James V. Hart
1996 • Jack •
1997 • The Rainmaker •
2007 • Youth without youth •
Guiones escritos.
1966 • This property is condemned • Director: Sidney Pollack
1966 • ¿Arde París? • Director: René Clement
1970 • Patton • Director: Franklin J. Schaffner
1974 • El Gran Gatsby • Director: Jack Clayton

Productor
1971 • THX-1138 • Director: George Lucas
1973 • American Graffitti • Director: George Lucas
1979 • The black stallion • Director: Carroll Ballard
1982 • The escape Artists • Director: Caleb Deschanel
1983 • The black stallion returns • Director: Robert Dalva
1985 • Mishima: A life in four Chapters • Director: Paul Schrader 1987 • Lionheart •
1987 • Tough Guys Don’t Dance • Director: Norman Mailer
1992 • Wind • Director: Caroll Ballard
1993 • The secret garden • Director: Agnieszka Holland
1994 • Mary Shelley’s Frankenstein • Director: Kenneth Branagh
1995 • My family • Director: Gregory Nava
1995 • Don Juan De Marco • Director: Jeremy Leven
1995 • Haunted •
1995 • Dead Man • Director: Jim Jarmusch
1997 • Buddy •
Cortometrajes
1961 • Tonight for sure •
1961 • The peeper •
1961 • Come on out •
1962 • Bellboy and the playgirls •
Premios
* Oscars
Año Categoría Película Resultado
1991 Oscar a la mejor película
El padrino III
Nominado
1991 Oscar a la mejor dirección
El padrino III
Nominado
1979 Oscar a la mejor película
Apocalypse Now
Nominado
1979 Oscar a la mejor dirección
Apocalypse Now
Nominado
1979 Oscar al mejor guión adaptado .
Apocalypse Now
Nominado
1974 Oscar a la mejor película
La conversación
Nominado
1974 Oscar a la mejor película
El padrino II
Ganador
1974 Oscar a la mejor dirección
El padrino II
Ganador
1974 Oscar al mejor guión original
La conversación
Nominado
1974 Oscar al mejor guión adaptado
El padrino II
Ganador
1973 Oscar a la mejor película
American Graffiti
Nominado
1972 Oscar a la mejor dirección
El padrino
Nominado
1972 Oscar al mejor guión adaptado
El padrino
Ganador
1970 Oscar al mejor guión original
Patton
Ganador
Globos de Oro
Año Categoría Película Resultado
1991 Globo de Oro al mejor guión
El padrino III
Nominado
1991 Globo de Oro al mejor director
El padrino III
Nominado
1985 Globo de Oro al mejor director
Cotton Club
Nominado
1980 Globo de Oro a la mejor banda sonora
Apocalypse Now
Ganador
1980 Globo de Oro al mejor director
Apocalypse Now
Ganador
1975 Globo de Oro a la mejor película - Drama
La conversación
Nominado
1975 Globo de Oro a la mejor película - Drama
El padrino II
Nominado
1975 Globo de Oro al mejor director
La conversación
Nominado
1975 Globo de Oro al mejor director
El padrino II
Nominado
1973 Globo de Oro al mejor guión
El padrino
Ganador
1973 Globo de Oro al mejor director
El padrino
Ganador
Festival de Cannes
Año Categoría Película Resultado

1979 Palma de Oro
Apocalypse Now
Ganador
1974 Palma de Oro
The Conversation
Ganador
1966 Palma de Oro
You’re a Big Boy Now
Nominado

Gary Cooper, por Robert Capa

Los Perros de la lluvia fue un poema que escribí en 1989, editado un año después por una pequeña revista editora llamada Cavidades, en Barcelona, hace tiempo ya desaparecida. El resto de poemas de la colección eran tan malos que aún me arrepiento de mi osadía, pero Los Perros de la lluvia, sin embargo, siguió viviendo en mí, guardé aquellos versos en la memoria y su pequeña música nocturna hasta hoy en día. De alguna forma he estado sintiendo las palabras que elegí entonces, desmenuzándolas con un significado que sin duda excedía al valor del texto, quiero decir que es probable que no sean los mejores versos que he escrito, pero sí probablemente se trate de uno de los poemas que más he interiorizado.
No siento nostalgia por el tiempo de Los Perros de la lluvia, pero sí quizá por el espíritu que tuve entonces, por la fuerza que hallaba al creer que todo era posible, por aquel aliento de vitalidad que nos llevaba a recorrer de madrugada el puente de La Trinidad con las guitarras colgadas al hombro, el día naciendo gris y las voces alzándose en medio del silencio. Anhelo el alma de entonces, la rapidez con la que oscilaba entre la felicidad más intensa y la infelicidad extrema, la sensación de inocencia y de descubrimiento, la belleza de pensar que no existía el destino porque todo el destino era alcanzable. Recuerdo todos los nombres de antaño; unos pocos, muy pocos, pertenecen a los Perros de la lluvia ahora, a los otros los convertí en estatuas, en memoria; y menudo pienso en ellos con alegría, sobre todo cuando me acuden sin remedio los versos de aquel viejo poema.
Sé que de alguna forma perteneceré siempre a ese tiempo, aunque la existencia sea tan distinta, aunque la libertad haya sido otra y el camino tenga espinas, rostros difusos y sueños podridos. Cuando hace ocho meses empecé este blog y aquellos versos volvieron a asaltarme, me dije que el mejor modo de cumplir con esa deuda era escribir en un lugar que se llamara Los Perros de la lluvia. Al fin y al cabo, viviamos en 1989 con las palabras de On the Road de Jack Kerouack, con los Trópicos de Miller, el cuarteto de Durrel o los excesos alcohólicos de Bukoswki, y descubrí entonces donde se hallaba el valor de los libros, proyectando en aquellas palabras distintas que dibujaban una vida alternativa, que llenaban el recorrido vital de gestos simbólicos y metáforas intensas, la mejor imagen de la libertad, idea que sigo manteniendo a pesar del tiempo transcurrido o de estas nubes que siguen ensuciando el cielo, aun cuando me duele a menudo el alma de no ser. Leer fue una forma de liberación, y es así como traté de afrontar la existencia, como si tuviera que dotar de metáforas verdaderas a los pasos que daba, extraer ejemplo de lo que no tenía sentido, atisbar en la mugre el rescate de lo auténtico.
En fin, una historia de Perros y lluvia, de alguna que otra mujer perdida, de amigos muertos o desaparecidos, de nada tal vez, de reunir en un puñado de versos la vieja alegria de existir.

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LOS PERROS DE LA LLUVIA
(Valencia, 1989)

Ebrios,
cogidos de los hombros.
Sombras.
Una rueda de vértigo e inconsciencia,
un compás alterado.

Por el puente de los perros de la lluvia
la absurda comparsa se desgañita
al antojo de los signos.
¿Qué señales aguardan?

Ahora lo sé.
En el puente de los perros de la lluvia
llueve cuando sale el sol
o al revés.

Copyright Ariño1989

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LOS PERROS DE LA LLUVIA
(Valencia, 200 8)

De la verdadera
vida me queda
un eco,
perros de lluvia,
viento,
esperanza ebria.
Quizá el tiempo disipó
algunas nubes,
clareó la tierra
el deseo,
puso agua
donde había tormenta,
dolor donde residió
la alegría.

De la verdadera vida
se guardan
algunos nombres,
signos extraños
y versos antiguos;
pequeños fantasmas de hojas
amarillentas
que adornan el tiempo
de los muertos.

He arrancado matojos
y perdido mil apuestas,
me alcé frente a las
flechas y caí
atravesado de púas.
Morí varias veces,
de absurdo y de amor,
de ausencia.

Hijo de la impaciencia,
todavía me afecta
la tempestad en la mar,
la caida de la lluvia
y el naufragio de
los restos.

De la verdadera vida
queda un eco,
un sonido sordo
que insiste en recordarme
lo que fui,
que aletea en el aburrimiento
de vivir sin sentido,
de perderme
en estos bosques
de fragor.

Fue una historia
de perros de la lluvia
que se prolongó
en la resistencia,
en el afán
de alcanzar un lugar
hermoso,
en la paz de la venganza,
del aire expulsado
a borbotones,
ese aire inmenso
de querer seguir
viviendo
con aquellas viejas
alas.

Copyright Ariño2008

La poesía fue hace mucho un arte popular, accesible para la mayoría. Servía para contar lo que sucedia en el mundo, se utilizó para construir la memoria de ciertos pueblos, como divertimento y acto festivo. Los chinos afirmaban que el ritmo de la poesía tenía propiedades curativas. Siempre trató de temas esenciales del hombre, de lugares comunes que trataba de reinventar con la palabra. Es el arte literario más cercano a la música, y por tanto a la verdad. Después comenzó a alejarse del gusto de las masas, y su propia concepción se desvirtuó. Pasados todos esos siglos inmensos, la poesía con mayúsculas regresó a sus asuntos fundamentales al perder público. Sigue siendo una forma de aprehender el mundo extraordinaria, libre, llena de ramificaciones y criterios. Aunque algunos autores mediocres la relegaron a un arte cursi y barroco -concepción que se mantiene a menudo entre la gente- la esencia de su sabiduría sigue siendo universal. Hay poemas que transforman la mirada, que renombran lo que se contempla, que hablan de lo que ninguna otra ciencia o arte puede recrear más allá del mundo poético.
Hace algunos años comencé a coleccionar poesía erótica. Medía a los elegidos por su presunta calidad y sensualidad, sin importarme la época o los autores, los transcribía en un cuaderno y a menudo me deleitaba releyendo esos versos tiempo después. Repasando la colección me di cuenta de que había llegado a los doscientos poemas. El pasado mes, un soleado domingo por la mañana, decidí pasar unas horas en la librería Carácteres, abierta hace menos de un año en Valencia, junto al mercado central. Subí al segundo piso, revisé los abundantes libros de poesía expuestos hasta descubrir una obra editada por Hiperión titulada El origen del mundo. Al hojearla, descubrí que el autor de la recopilación, el Sr. Juan Abad, había reunido una excelente colección de poemas desde los romanceros de la edad media hasta los poetas más actuales, tomando como referencia la poesía española y latinoamericana y completándola con versos de poetas de otras lenguas. Es verdad que coincidimos en una veintena, pero sin duda, su esfuerzo me pareció más logrado. Transcribo algunas de nuestras elecciones. Es un libro maravilloso, son los poemas del coño; el origen del mundo.

RUFINO
(Éfeso, Jonia, S. II/III d.c.)

Competían Melita, Rodope y Rodoclea
por ver cual de las tres tenía el mejor coño
y me nombraron juez. Como las diosas célebres
se levantan desnudas, ungidas con el néctar.
Brillaba el de Rodope suntuoso en el centro de sus muslos
como hendido por céfiros de rosas.
Como cristal era el de Rodoclea, húmedo como imagen
en un templo, recién acabada de esculpir.
Pero yo, que sabía lo que sufriera París con su fallo,
a la tres ya inmortales coroné.

DEL CANCIONERO TRADICIONAL

Este pradico verde,
Trillémosle y hollémosle.
****************
-Decid, hija, la garrida,
¿quién os manchó la camisa?
-Las moras del zarzal, madre.
-Mentir, hija, mas no tanto,
que no pica la zarza tan alto.
*****************

No sé qué me bulle
en el calcañar
que no puedo andar.

yéndome y viniéndome
a las mis vacas,
no sé que me bulle
entre las faldas
que no puedo andar.

No sé qué me bulle
En el calcañar
Que no puedo andar.
***************

-Madre, la mi madre,
que me come el quiriquiquí.
-Rascate, hija, y calla,
que también me come a mí.
**************
Estábase la moza
de espaldas en el lecho,
las piernas abiertas
y mirando al techo;
dice con despecho:
¡Agua, dadle agua,
que el fuego está en la fragua!

De rato a ratillo
toda se brincaba;
con gesto amarillo
de dolor, sudaba;
con pasión llamaba:
¡Agua, dadle agua,
que el fuego está en la fragua!

Hácese pedazos,
toda se desuella;
quería los brazos
meter por la mella,
dando esta querella:
¡Agua, dadle agua,
que el fuego está en la fragua!

Como estaba así,
pensó que soñaba;
cuando tornó en sí
sintió que meaba
y de presto llama:
¡Agua, dadle agua,
que el fuego está en la fragua!.
******************
Aquí vive y aquí mora
una moza muy gentil;
cada vez que se levanta
va a mear el perejil.

******************

¡Ay, Dios, quién hincase un dardo
en aquel venadico pardo!

PIETRO ARETINO
(Arezzo 1492-venecia 1556)

SONETO LUJURIOSO VI


- Porque he probado tan solemne polla
que me vuelve al revés la orla del coño,
yo querría ser toda entera coño
y también que tú fueses todo polla.
Porque si fuese coño y tu polla,
calmaría por un buen trecho al coño
y también tú tendrías de ese coño
todo el placer de que es capaz la polla.
Mas no pudiendo ser toda yo coño,
ni convertirme tú del todo en polla,
el buen querer acepta de este coño.
- Y acepta tú de mi menguada polla
la buena voluntad; en ella el coño
encaja, y yo le encajaré la polla;
y luego por mi polla
meneáte tú entera con tu coño:
y seré polla yo, y tú seras coño.

Traducción de Juan Abad
ANÓNIMO FRANCÉS DEL SIGLO XVI

Coño, no coño, sino pequeña gracia,
tú, coño, placer mío, mi gentil jardincillo
donde no se plantó, pues, ni cepa ni árbol,
hermoso coño, coño de la boca bermeja,
coño, pituso mío, mi pequeña hondonada,
coño rollizo, en forma de bocado,
todo tú recubierto de un rico vellocino
de hebras finas de oro en su justa sazón,
coño con tanta fuerza como poderío,
que puede, él solo, hacer que hasta el goce bostece,
tú, coño que la mano perezosa y lenta
conviertes, cuando quieres, en atrevida y diligente,
coño que ordena al ojo que diga con un guiño
que tiene lo más digno del amor,
y que ordena a la boca que hable del placer
y que revoque todo aburrimiento;
coño, tienes la fuerza y el poder
de agitar y mover un pezón firme;
coño, que no has olido esta dulce batalla,
tú no eres para nada de esos coños furiosos.
Coño, no hay otro coño que te valga,
coño montado encima de unos muslos tan prietos
que eres como un escudo, y avisas del asalto.
Lo que hacemos, decimos, lo que nos ocupa,
queremos, prometemos o afirmámos,
es para ornar tan digno coño;
¡todos te adoran de rodillas!
¡Oh, coño, bello coño, golosina exquisita,
coño que harías reír a un moribundo,
yo dejo a aquellos que desean la mano,
la suya que hacia arriba tiende hoy más que mañana,
y a los que se contentan con mirar;
es un gran bien el no tener deseo;
y en el beso les dejo también abandonados,
y estoy contento de quedarme aquí,
justo a tu vera, coño, a tu servicios,
aquél que es más propicio para mí.
*******************************

SONETOS ANÓNIMOS
DEL SIGLO DE ORO

I

(A LA ORILLA DEL AGUA ESTANDO UN DÍA)
A la orilla del agua estando un día,
ajena de cuidado, cierta hermosa,
de mirarse su cosa deseosa
por verse sola allí sin compañía,
la camisa se alzó que lo impedía
y, pagada de ver tan rica cosa,
le dijo con voz mansa y amorosa
que de dentro del alma le salía:
“Por vos soy yo de tantos requebrada,
por vos me dan ajorcas, gargantilla,
chapines, saya y manto para el frío.
Un beso quiero daros.” Y abajada
a darle, por estar tan a la orilla,
trompicó de cabeza y dio en el río.
************************
II

(RAPÁNDOSELO ESTABA CIERTA HERMOSA…)

Rapándoselo estaba cierta hermosa,
hasta el ombligo toda arremangada,
las piernas muy abiertas, y asentada
en una silla ancha y espaciosa.
Mirándoselo estaba muy gozosa,
después que ya quedó muy bien rapada,
y estándose burlando, descuidada,
metióse el dedo dentro de la cosa.
Y como menease las caderas,
al usado señuelo respondiendo,
un cierto saborcillo le dio luego.
Mas como conoció no ser de veras,
dijo “¡Cuitada yo! ¿Qué estoy haciendo?
Que no es ésta la leña de este fuego”

*************************

III

(ALZÓ EL AIRE LAS FALDAS DE MI VIDA…)

Alzó el aire las faldas de mi vida
y vi la servillica colorada
y la calcica angosta y estirada,
con un hermoso cenojil ceñida.
Mis ojos fueron luego de corrida
por ver la cosa en fin que más agrada,
pero, de la camisa delicada
les fue la dulce vista defendida.
¡Oh camisa cruel y rigurosa!
¿Por qué no me dejaste ver aquello
en que tan poco te iba que lo viese?
Mas creo debe ser tan bella cosa
que estás tú misma enamorada de ello
y por tanto lo encubres celosa.

*****************************
FRANCISCO DE QUEVEDO
(Madrid 1580-Villanueva de los Infantes 1645)
(ESTABA UNA FREGONA POR ENERO…)

Estaba un fregona por enero
metida hasta los muslos en el río
lavando paños, con tal aire y brío
que mil necios traía al retortero.

Un cierto conde, alegre y pacentero,
le preguntó con gracia: “¿Tenéis frío?”
Respondió la fregona: “Señor mío,
siempre llevo conmigo yo un brasero.”

El conde, que era astuto y supo dónde,
le dijo, haciendo rueda como un pavo,
que le encendiese un cirio que traía;

y dijo entonces la fregona al conde,
alzándose las faldas hasta el rabo:
“Pues sople este tizón vueseñoría.”
*****************************
SEGUIDILLAS ANÓNIMAS
(Siglo XVII)

Al pasar el arroyo del Alamillo,
apartando las piernas se fue el virgo.

Como ya no se usan los virgos madre,
uno que yo tenía dile de balde.

Ya no suben al cielo, madre, los virgos;
como mueren pequeños, se van al limbo.

Igual que los gigantes son las doncellas,
pues se meten hombres entre las piernas.

A cazar pajaritos iba la niña
y en los pechos del papo llevaba la liga.

Veintidós años tengo; madre, casadme,
que me duelen los dedos de tanto hurgarme.

Si la puerta es chiquita y tres no caben,
entre el uno adentro, los dos aguarden.

Ahora que está dentro me desvalija
y se pone lo mío como sortija.

Bien adentro lo tiene, ¿Por qué se brinca?
Mientras más se menea, más me lo hinca.

No me dé tanto gusto, que daré voces
y sabrán en la calle cómo me pone.

*************************
FELIZ DEL VALLE SALDAÑA
(Amsterdam 1699-1755)

Entre pilares dos, ambos hermosos,
y aún, otro que a pirámide camina,
se descubre una raya clandestina
que se fine en extremos angulosos.

cuyos umbrales hacen escabrosos.
Por las puntas que digo se termina
denso monte de venus peregrina,
alta cumbre y próstatas turgentes;

mas quien las mírteas moles glandulosas
cultive con cilíndrica estructura
conseguirá, feliz, frutos vivientes.

***************************

JUAN MELÉNDEZ VALDÉS
(Ribera del fresno -Badajoz- 1754 - Montpellier 1857)

LOS BESOS DE AMOR. ODA III
Cuando mi blanda Nise
lasciva me rodea
con sus nevados brazos
y mil veces me besa,

cuando a mi ardiente boca
su dulce labio aprieta,
tan del placer rendida
que casi a hablar no acierta,

y yo por alentarla
corro con mano inquieta
de su nevado vientre
las partes más secretas,

y ella entre dulces ayes
se mueve más y alterna
ternuras y suspiros
con balbuceante lengua,

ora hijito me llama,
ya que cese me ruega,
y al besarme me muerde,
y moviéndose anhela,

entonces, ¡ay!, si alguno
contó del mar la arena,
cuente, cuente las glorias
en que el amor me anega
**********************
ANÓNIMO, S. XVIII

(OCTAVA A UNA SEÑORITA QUE USABA UN OLISBO)

Quien goza de tu ardiente delantera
es un alfiletero, ¡qué diablura!
Por tiesa te deleita la madera
y por escurridiza la pintura.
Poca es la leña para tanta hoguera.
Si a un palo le regalas tal dulzura
y con él hoy tu sexo así se huelga,
¿qué haré yo con la carne que me cuelga?.

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HO XUAN HUONG

(Poetisa vietnamita, siglo XIX)
EL FRUTO DEL ÁRBOL DEL PAN

Mi cuerpo es como el fruto que de el árbol del pan,
de corteza rugosa, de pulpa muy espesa;
amigo, si te gusta, hunde en él tu punzón,
pero, ojo, si lo palpas, te pringarás los dedos.

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PIERRE LOUYS

(Gante 1870- París 1925)

El clítoris

Bajo el tibio repliegue de las ninfas se esconde,
tal pistilo de carne en lirio doloroso,
el clítoris, coral vivo, corazón fosco
que estremece el recuerdo de bocas olvidadas.

La mujer toda entera vibra y se centra en él,
es la fuente del celo en dedos de la virgen,
es el eterno polo en que el deseo converge,
es cielo del espasmo, corazón de la noche.

Lo que al flanco murmura cualquier carne lo entiende,
a su menor temblor los pezones se tensan
y sus sordos latidos ponen fuego en el cuerpo.

Oh clítoris, rubí misterioso agitándote
brillante como joya en el torso de un dios,
¡álzate, sanguinoso, ante las bocas rojas.

Traducción de Juan Abad

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JOSÉ JUAN TABLADA

(México 1871- Nueva York 1945)

COQUILLAGE
Femenina y carnal la ola
Partiendo su blancura me mostró
La caracola
Que a Verlaine turbó.

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LEOPOLDO LUGONES
(Villa María del Río seco-Córdoba- 1874 - El tigre 193 8)

OCEÁNIDA
El mar lleno de urgencias masculinas
bramaba alrededor de tu cintura
y, como un brazo colosal, la oscura
ribera te amparaba. En tus retinas

y en tus cabellos y en tu astral blancura
rieló con decadencia soplinas
esa luz de las tardes mortecinas
que en el agua pacífica perdura.

Palpitando a los ritmos de tu seno
hinchose en una ola el mar sereno
para hundirte en sus vértigos felinos.

Su voz te dijo una caricia vaga
y al penetrar entre tus muslos finos
la onda aguzó como una daga.

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RAINER MARIA RILKE
(Praga 1875 - Mougins 1926)

(AL ESCRIBIRTE, UN JUGO…)
Al escribirte, un jugo
brotó en la masculina flor,
que para mi ser hombre
es rica y enigmática.

¿Sientes, cuando me lees
lejana cariñosa, qué
dulzor fluye en el cáliz
femenino, dispuesto?

Versión de F. Bermúdez Cañete. Hiperion 2000

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BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO
(Buenos Aires 1886-1950)

REVELACIÓN
Yendo para la escuela
con las niñas del pueblo,
por coger unas moras
nos subimos a un cerco.

Entre la carretera
y el espinoso seto
la cuneta se ahondaba
toda blanda de berros.

Yo no sabía nada,
de saber era tiempo.

Una de ellas, de pronto,
Esperanza, me acuerdo,
púsose de cuclillas
a hacer aguas al viento.

Casi instantáneamente
yo me quité el sombrero
y lo eché cuesta abajo
camino de los berros.
Me lancé presuroso
tras él a recogerlo,
y al instante de alzarlo
miré hacia arriba, trémulo.

Vi una rosa bermeja,
tanto, que daba miedo,
dos pétalos de carne
abiertos, gordezuelos,

Y un grueso chorro de oro
rectilíneo, violento,
que levantaba espumas
al chocar contra el suelo.

Yo no sabía nada,
de saber era tiempo.
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CESAR VALLEJO
(Santiago de Cuzco 1892-París 193 8)

PIENSO EN TU SEXO

Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el ijar maduro del día.
Palpo el botón de dicha, está en sazón,
y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la Sombra,
aunque la Muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mundo

¡Odumodneurtse!
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E. E. CUMMINGS
(Cambridge -Mass- 1894 -Madison 1962)

SONNETS-ACTUALTIES VII
quiero mi cuerpo cuando está con tu
cuerpo. Es algo tan nuevo.
Los músculos mejor y aún más los nervios.
quiero tu cuerpo. quiero lo que hace,
quiero sus modos. quiero el tacto de su espina
dorsal, sus huesos y la palpitante
-lisura- suavidad que he de
otra vez y otra y otra
besar, quiero besarte aquí y allí,
quiero, lentamente, palpar, rozar el vello
de tu eléctrica piel, y aquel que nace
sobre la hendida carne… Y grandes ojos migas de amor,

y tal vez quiero el estremecimiento

bajo de mí de ti tan nueva

Traducción de Alfonso Canales

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BENJAMIN PÉRET
(Rezé 1899-París 1959)

(COÑO)
He aquí el coño tan suave

el verdadero pan de los cojones

cuyos pelos nos cosquillean

hasta en la boca

Traducción de Agustin Cerezales

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KENNETH REXROTH
(South Bend -Indiana- 1905 -Montecito -California- 1982)
IX

Me despiertas,
separas mis muslos y me besas.
Te regalo el rocío,
de la primera mañana del mundo.

XIII

Tendida en el prado, abierta a ti
bajo el sol del mediodía,
humo brumoso cubre a medias
los pétalos rosados.

XXV

Tu lengua se mueve y rasguea
dentro de mí, y yo me vuelvo
hueca y ardo con luz
en torbellino, como el interior

de una basta perla expandiéndose

Traducción de Diana Bellesi

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EMILIO ADOLFO WESTPHALEN
(Lima 1911-2001)

¿Fue en la ocasión desvergüenza
de jovenzuela u obligación ritual
de sacerdotisa de Venus?

Estaba recostada en la concurrida
playa del mar -y sus piernas-
recogidas en triángulo - configu-
raban una especie de tabernáculo.

La pose permitía -tendido de
bruces ante Arca de Alianza im-
provisada -venerar la beata hen-
didura y recitarle -acompañado
por bufidos de la resaca en celo-
píamente jaculatorias.

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VICENTE ANDRÉS ESTELLÉS
(Burjassot 1924- L´Horta de Valéncia 1993)

LA AMANTE

XIII
Tientas, primero, los redondos pechos,
su reiterado y eficaz volumen,
su carne flexible y amorosa.
Con cauto amor, no se despierte la furia,
tientas los pelos en la dulce ingle
distraída, más lenta en el extremo,
hasta llegar a un grata inminencia.
y con el dedo, el dedo índice, y hábil,
hábil y experta en tan dulces asuntos,
poco a poco lo metes en el sexo,
presionando levemente no más,
y así llegas al gran placer, autárquica.

*************************************

ANISE KOLTZ
(Luxemburgo 192 8)

Mi cuerpo es cálido
como el cuerpo de una iglesia

cuando entras en mí
la biblia divaga

————————

Le he enseñado a mi vientre
a abrirse como una puerta
cuando tu sol llama

para devorarme

Traducción de Jose María Holguera

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JORGE ARIEL MADRAZO
(Argentina 1931)

TRÓPICOAMOR
Desnudo mi jadeo en tus colinas
(Afuera el Eclipse Mundial)
Tu sexo salobre molusco del trópico
Te acompañé al gineceo a la cosecha de los dientes ávidos
Bebí tu néctar
Tu prohibido vértice
La lluvia fue lágrima de fuego
El monstruo del subsuelo nos dio
la bendición

Devorar quise tu alma luego
Pero reposabas tan muertita
Tus muslos escupieron ruegos impenetrables
Tu jugo de placer colmó mi boca
Estoy muy cansada dijis-
te y decías:
¿Ya bien?
¿Quédate un hilo de alma?
¿Ya bien, sí sí
ya bien?
**************************************
MARGARA SÁENZ
(Ecuador 1937-1964)

EL TIEMPO HA PASADO Y VUELVES A MI MEMORIA

El tiempo ha pasado y vuelves a mi memoria.

Tu auto trepando hacia la sierra, la Cream-Rica ¿recuerdas?
volteando a la derecha, todos esos moteles.

Entonces éramos nosotros; no tú, no yo. Me quiérote, te góza-
me, me amándonos, decíamos.

¿A quien llevas ahora? Contigo entre las piernas ¿quién pega
los alaridos y triza los espejos donde nos repetíamos bes-
tiales y dulcísimos?

¿Qué otro vientre recibe tu miel, peruano? Di que frívola
puta, qué sórdida hipócrita limeña, qué casada cuidadosa
del cornudo.

Hijo de perra, ¿lo haces? Pero allí no, nunca, con nadie vuel-
vas a la habitación 35. Que se te muera para siempre, que
se te pudra si regresas.

Una vez dije allí no, ¿recuerdas?, dije después donde quieras
Tú me observabas igual que un entomólogo, eras un médi-
co lascivo examinando una muchacha muerta de amor: no
hables, eres una muñeca, un cuerpo sin voluntad, y me
tocabas probándome y fui durazno de esos que se abren
con la mano.

Un durazno, dijiste a mis espaldas, a la luz de la tarde, sepa-
rando con suavidad mis carnes, descubriendo lo que ni yo
conozco, mi zona más oscura, la que guarda esa caricia
atroz, obscena y tuya que no olvido.

Júralo: no has de volver a esa cama con nadie. Me has nega-
do tu cuerpo, el que gustaba mirar impúdico y erecto
viniendo a mi, el tuyo que era el mío. Concédeme esto
entonces: anda a otro sitio a hacer tus porquerías.

O vuelve a la habitación 35. El tiempo ha pasado, ya no hay
sino recuerdos y Amarilis qué puede sino juntar palabras.
Ahora somos tú y yo, no existe más nosotros. Uno y uno,
dos solos: yo y esa mierda que tú y yo añoras, desgraciado.
*************************************************
ÓSCAR HAHN
(Santiago de Chile 193 8)

MISTERIO GOZOSO

Pongo la punta de mi lengua golosa en el centro mismo
del misterio gozoso que ocultas entre tus piernas
tostadas por un sol calientísimo el muy cabrón ayúdame
a ser mejor amor mío limpia mis lacras libérame de todas
mis culpas y arrásame de nuevo con puros pecados
originales, ya?

**********************************

ANTONIO MARTÍNEZ SARRIÓN
(Albacete 1939)
EN EL ABANICO DE UNA DAMA

No te afeites la vedija
pues desproteges la hendija.

*****************************
JOTAMARIO ARBELÁEZ
(Cali 1940)
ACOSO SEXUAL 2

El sexo
es el camino
más corto
de un corazón
a otro.

******************************

ISABEL ESCUDERO
(Quintana de la Serena- Badajoz- 1944)

(A TI, QUE DE PAR EN PAR…)
A ti, que de par en par a la noche te abres
y sueño de amor mana de tu dulce fuente,

a ti, cuya prieta sombra me da la luz más alta,
primero y último lugar en que me escondo,

a ti, que tan agradecido de mis trémulos dedos
tañes a veces la más dulce melodía,

a ti, oh lengua de las lenguas del silencio,
mudo de temblorosa voz estremecida,

a ti, volcán de mieles, arrullo de palomas,
pez fugitivo, vértigo del nadir, agüita local,

a ti, que no eres mío y todo me lo ofreces,
que igual en frío que en estío desvarías y afloras,

a ti, que llaman demonio meridiano, y tu pecado
capital me lleva al vuelo las penas todas,

a ti, que de la madre coronado me vienes
de olorosa mirra y de lujosos desmanes,

a ti, inteligencia de mis sabias abuelas,
a ti, turbio desvelo de mis viejas mujeres,

a ti, luna roja que del frondoso monte asomas
y viertes tu panal en largas libaciones,

a ti, por quien el padre con el hijo se disputan
por el mullido musgo de tu húmeda gruta,

a ti, mi fuente de alegría, mi rosa, mi granada y mi tesoro,
mi soledad, mi lluvia, mi razón y mi locura,

a ti, a ti, a ti,
te canto ¡coño!

*************************************

IRENE GRUSS
(Argentina 1949)

MASTÚRBATE…

Mastúrbate
úntate cada pezón con miel
y baja el mentón, la lengua
saben dulces, toca
circularmente cada punta morada, agrietada o lisa,
y luego acaricia el vientre, el ombligo,
haz cine o literatura
con la mente pero no olvides los pezones,
la miel, el dedo circular,
hazlo frente al televisor mientras te ríes
y te humillas: mastúrbate, abandona,
cuida el clítoris como a la piel de un niño,
escucha el viento que suena detrás
de la ventana cerrada, guarda tu jugo
a escondidas del mundo
y mastúrbate, que tus piernas
comiencen a abrirse y a cerrarse,
que tu murmullo sea un gemido ronco,
grito agudo en el aire, en el hueco que
pide penetración, contacto,
habla despacio,
hazlo en silencio pero gime,
aúlla,
murmura, aunque sea el goce
el rozarse tu pelo en la almohada,
en la alfombra, en la nuca,
mastúrbate
hasta que las rodillas tiemblen,
hasta que caigan
lágrimas y suene esta vez
no un viento sino un timbre
y otro, regular campanilla,
recién entonces
dilátate como en el parto
lubrica tu vagina, el tubo que
sigue llamando, levántalo, bájalo,
introdúcelo
y escucha ahora su voz,
lejana, ajena,
y cierra tus ojos, su boca
tan adentro.
**********************************

FELIX RAGLAN
(Niza 1950)

LA FUENTE

Vellón hirsuto y suave al mismo tiempo
que mis dedos, por juego, entrelazaban
despertando sutiles apetencias,
provocando los cálidos quejidos
de tus secretas interioridades,
avivando el manar de aquella fuente
donde nunca se sacia, pero que siempre busca
nuestra sed de infinito, inagotable y terca.

**********************************
ALBERTO BLANCO
(México 1951)

Las parejas después del coito
se besan, bajan la vista, se dan la espalda…
levantan las piezas rotas del rompecabezas
y empiezan a armar la vieja historia una vez más.

********************************
EDUARDO LANGAGNE
(México 1952)
ROMANCE ANÓNIMO

Como un lento cangrejo me acerqué
y separó las piernas:

su cuerpo
era un cálido barco a la deriva

yo habité ese lugar sin recordar naufragios.
**********************************
ANGELES MORA
(Rute -Córdoba- 1952)

CAMARA SUBJETIVA

Una mujer sentada en la terraza
se seca el pelo.
La cabeza inclinada
Sobre un albornoz
entreabierto.
Los dos senos redondos
en los muslos dormidos.
Una sombra se asoma
al resplandor del suelo.

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ANTONIO SOTO
(Librilla -Murica- 1952)

ESPERANDO EL POEMA
Mientras llega el poema
contaré los pelos de tu pubis.
******************************

ISLA CORREYERO
(Miajadas -Cáceres- 1957)

COÑO AZUL

Mi coño es negro como carbón evaporado. Pero se vuelve azul
a la luz de la tele y de la luna.

La característica más peculiar que explica su color y forma
es
que tiene una circulación lenta y estremecida que va navegando
hacia la
tinta de las venas y se abre al desamparo de mi dormitorio
como si
comprendiese que un dedo impenetrable, masculino
no pasará por él, ni por las sábanas.

Sería una esperanza considerar
que sobre mi coño solitario aún pueden caber volúmenes
remotos
o
un pañuelo azul que penetrase las dos mitades húmedas y
abiertas
y así pasar, esta tela azul, ensangrentada, quedándose,
rompiéndome,
porque mi coño ya es invencible,
mi enemigo.
Aislado del amor
cualquier coño es violento.
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FERNANDO ARAMBURU
(San sebastián 1959)

Las pinacotecas enseñan que la mujer sólo está de verdad
desnuda cuando abre las piernas.

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SANTOS JIMENEZ
(Cuevas del Valle -Ávila- 1959)

HASTA QUE EL BARRO SEDIMENTE EN MI COLODRILLO

diecisiete de octubre

Ah, tus caderas,
grupa que cabalga mi lengua.
Los dedos por las aristas
que asoman al abismo.
Allí donde se vuelve
pétalos la carne
y bebemos vino
sin vid y sin arcilla.

*****************************************

AURORA LUQUE
(Almeria 1962)

CARPE noctem, amor. Coge el brusco deseo
ciego como adivino,
los racimos del pubis y las constelaciones,
el romper y romper
de besos con dibujos de las olas y espirales.
Miles de arterias fluyen
mecidas como algas. Carpe Mare.
Seducción de la luz,
de los sexos abiertos como tersas actinias,
de la espuma en las ingles y las olas
y el vello en las orillas, salpicado de sed.

Desear es llevar
el destino del mar dentro del cuerpo.

***********************************

IÑIGO GARCÍA URETA
(Bilbao 1970)

LECCIÓN DE LENGUA

A una florecilla hay que besarla
luchando con sus labios
erizándole el vello
mordiendo campanillas
con ritmos brasileños
una y otra vez,
paciente, enhiesto, suave,
besarla hasta que ría
y sea de contento
y un rastro de saliva
bautice con su aroma

esos muslos que nos iban a ahogar.

El origen del mundo es una colección recopilada por Juan Abad para Poesía Hiperión, editado en el 2004. Reune a más de cien poetas que escribieron sobre la vagina.

EL TAMBOR DE HOJALATA

El tambor de hojalata es una fiesta verbal que describe el descenso a los infiernos del pueblo alemán visto a traves de los ojos de Oscar Matzerath. La crisis del 29 tuvo efectos demoledores en Estados Unidos, pero los colaterales fueron terribles en Europa, sobre todo para Alemania, cuya economía dependía en exceso del gigante americano. En medio de una lucha fraticida y una crisis galopante de desempleo masivo, hambre e hiperinflación, Hitler llegó al poder en 1933 y provocó la desintegración de los partidos de izquierdas en Alemania, bajo el beneplácito de los industriales y las autoridades burguesas que creían que su aliado natural era el Partido Nacionalsocialista y no los movimientos obreros. Hitler en el 1934 dio un golpe de efecto en la llamada La Noche de los Cuchillos Largos, en la que murieron asesinados más de doscientos dirigentes políticos, industriales y hombres de poder, acusados de conspiración contra el Estado; tomó el control político defiinitivamente de las Instituciones y el ejercito le juró lealtad.
La historia de Oscar Matzerahz, que cuenta en primera persona sus andanzas desde finales de los años veinte hasta poco después del final de la guerra, fue aclamada en Alemania en 1959 cuando vio la luz, y sirvió para que un buen número de escritores reflexionaran sobre lo que supuso para el país el nazismo y la segunda guerra mundial, para comenzar a liberarse del peso de las atrocidades cometidas y evaluar con sentido el horror que habían vivido, la sensación vergonzosa de haber sido hipnotizados. Encerrado en un psiquiátrico, Oscar cuenta su fantástica vida a lo largo de esas décadas. A los tres años recibe como regalo de cumpleaños un tambor de hojalata que no soltará hasta el fnal de su días. Con una prosa deslumbrante, a menudo barroca como el personaje, rica en matices y llena de lirisimo, Oscar, que no crecerá nunca más y posee una agudísima conciencia de todo desde muy pequeño, comenzará su devenir por el mundo en los dificiles años de la alemania de preguerra. A esa edad temprana ciertos acontecimientos lo llevan a decidir que no desea crecer y descubre que su tambor es una forma de espantar sus demonios personales y su miedos y posee un poder inmenso que irá descubriendo a lo largo de las páginas del libro. La creatividad del texto es extraordinaria, desde la historia de la abuela Ana Bronski y sus siete faldas, bajo las cuales se escondía de niño Oscar, pasando por todo esos personajes memorables, Jan Bronski, Greta Scheffler, Agnes Bronski, El señor Meyn, Segismundo Markus, Bebra, la novela está llena de historia fantásticas, de orígenes inciertos, de anécdotas hilarantes y amargas, de digresiones brillantes en la narración que van dibujando con una precisión extraordinaria y precisa el ambiente que acompañó la llegada de los nazis al poder, el engaño que fueron perpetrando ante la mirada pasmada del pueblo, testigo y participe en su mayoria del desastre, los efectos de la guerra y el vacío y la verguenza posterior. La lucidez de Oscar de alguna manera va anticipando los sucesos con su particular modo de mirar el mundo.
Novela quijotesca, importantísima para la literatura alemana -sin duda aspecto secundario dada su enorme universalidad-, entronca con la picaresca española, con Rabelais y Cervantes, y se convirtió en poco tiempo en una de las grandes obras del siglo. El Premio Nobel del autor en 1999 aumentó la influencia de la novela y su enorme repercusión literaria. Ha encandilado a todo tipo de lectores hasta convertirse en un clásico del siglo XX, de una luz interminable, llena de placer estético y de avisos para el futuro. Nada que ver con el auge de malas novelas ambientadas en el pasado tan de moda ahora.
Recuerdo haber leído El tambor de Hojalata con la boca abierta y la risa en el rostro, con el horror y la emoción de descubrir la esencia de esos años, con la carcajada ruidosa de Oscar reproduciéndose interminable desde las paredes del manicomio, diciendo a gritos que la Historia es terrible y la vida es un juego extraño. Es uno de los libros que más he prestado y recomendado, quizá porque lo leí en 1993, en una época compleja de mi existencia en la que necesitaba de la magia y el impulso de una obra como esta y me sirvió de mucho. Intenté incluso imitarla sin suerte. Es única, y envidio sinceramente a quien vaya a leerla por primera vez, es tan inolvidable como un primer amor.

GÜNTER GRASS

Siempre me pareció una especie de abuelo terrible, con su fiera mirada afilada y esa pipa colgando de sus labios. Posee la sabiduría de la gente de otro siglo, y a menudo me lo he imaginado de joven participando en grandes bacanales, esbozando sus atronadoras ideas, tratando de poner algo de sentido común a una Historia que siempre le tocó las narices. De alguna forma lo veo en su caserón perdido en Behlendorf mirando con ojos tristes el devenir del mundo, también alegrarse de repente porque un niño toca a su puerta y le recuerda que una vez él fue así y se perdió. Sus famosas declaraciones en las que reconoció haber pertenecido al partido nazi durante la guerra no han mermado su honestidad y su lucha por valores universales. Siempre escribió sobre su tiempo, acerca de lo que había vivido o lo que creía que podía suceder. En realidad su afán fue sencillo, no creerse lo que le decían y buscar con sus propios ojos la verdad del mundo, aunque fuera tan extravagante y compleja como algunas de sus novelas. Años después, El Rodaballo o Mi Siglo, volvieron a afirmarme en la sensación de que tenía delante de mí -y encima estaba vivo- a uno de los escritores más grandes del siglo y, probablemente, de la historia de la literatura. Dicen de él que ahora escribe poco y pinta sus cuadros la mayor parte del tiempo. Todas sus palabras, en realidad, fueron el esbozo verbal de unos ojos privilegiados que decidieron colorear el mundo intentando hacerlo comprensible para nosotros.

Biografia

Günter Grass (Ciudad libre de Danzig, 16 de octubre de 1927), escritor y artista alemán, galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1999 y el Premio Nobel de Literatura en el mismo año. Son múltiples sus compromisos en los campos del arte, la cultura, la política y los derechos humanos. Realiza obras de ilustración, como en Der Schatten (La sombra. Los cuentos de H. C. Andersen vistos por G. Grass, por la que obtuvo el premio Hans Christian Andersen de ilustración en 2005, o la edición de sus poemas completos, que llenos de extraordinarios dibujos.

Obras

• Faltan diez minutos para Buffalo, 1958
• El tambor de hojalata, 1959
• El gato y el ratón, 1961
• Años de perro, 1963
• Antes, 1969
• Anestesia local, 1969
• Diario de un caracol, 1973
• El burgués y su voz, 1974
• El rodaballo, 1977
• La Ratesa, 1986
• Sacar la lengua, 1988
• Alemania: una unificación insensata, 1990
• Madera muerta, 1991
• Malos presagios, 1992
• Unkenrufe 1992, 1992
• Tierra de noviembre, 1993
• Es cuento largo, 1996
• Mi siglo, 1999
• A paso de cangrejo, 2002
• Pelando la cebolla, autobiografía, 2007

LA PELÍCULA

El tambor de hojalata es una película de Volker Schlöndorff, de 1979, que ganó el oscar a la mejor película de habla no inglesa en ese mismo año y la Palma de oro del festival de Cannes. Retrata muy bien el mundo de la novela, es original e intensa, muy divertida, pero vale la pena verla después de leer la obra literaria.

Fotograma de la película De aquí a la Eternidad. Fred Zinnemann (1953).DE AQUÍ A LA ETERNIDAD II

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD II

Lo mejor del amor
es su sonido de fondo;
despertar frente a unos ojos
que nos reconocen,
soñar con el futuro abrazados
y recorrer las esquinas
cogidos de los dedos
como santos.

Lo mejor del amor
es llorar en compañía,
ofrecer tributos al cielo
mientras uno besa
los labios más dulces
del mundo;
imaginar despierto
el futuro hermoso,
allanar caminos
a cuatro manos.

Lo mejor del amor
es saber que alguien
espera tu nombre en la noche,
que si te desvías
de la carretera
sonará al teléfono
y una voz dirá
¿dónde estás?

Lo mejor del amor
es reconocer tu cuerpo
en el otro,
es saber que si abrazas
obtendrás el deseo
hecho monumento,
la llama será un beso
que hierva en los labios,
la aurora el recogimiento
de todos los guerreros.

Lo mejor del amor
es el sentido de los días,
también el edificio que
se construye
con el latido y el aliento,
con la paciencia y el tino,
el fuego que arderá cercano
y la espera recompensada.

Lo mejor del amor
son esas dunas del desierto
avizoradas desde el sudor,
la playa vacía donde
el impulso obliga a amarnos,
la confianza de decir sí
y el otro entender lo mismo,
la maravilla de buscar
refugio
y hallar cobijo.

Lo mejor del amor
es que si uno tiene suerte
nunca se acaba,
los paisajes se avecinan floridos,
las tardes de domingo
no duermen las fantasías,
la Historia es una excusa
de miradas
donde se celebran
nuestros milagros

Lo mejor del amor
es decirlo
con los ojos cerrados,
es besar la luna con el pecho,
abrazarse hasta que el
el sueño acuda;
creer que hoy soy tú
y tú eres yo;
que la muerte no será
más que la más hermosa de
nuestras memorias.

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD I

Lo peor del amor
es la basura que deja.
Las manchas que empiezan a molestar
en la sábana;
el olor agrio de un día de esfuerzo,
la caída de la lluvia
y la soledad
de ese silencio.

Lo peor del amor
son las cenizas de lo que fue,
el instante en que
se tuerce el gesto,
surge el insulto,
la lágrima de impotencia,
la ausencia
incluso en la presencia.

Lo peor del amor
son las cuentas bancarias,
el supermercado de la esquina
o las noches en vela;
la ilusión
que nunca se cumple,
la espera que
no tiene respuesta.

Lo peor del amor
son las caricias
imaginadas,
el dolor no compartido,
el tabaco que se acaba
y los gastos
mensuales.
Tampoco está bien
que falte el agua o el pan,
que los platos estén sucios,
que uno se ría
con los otros
y alce la voz
de puertas para adentro.

Lo peor del amor
es que abandona despojos:
que borra el brillo de lo extraordinario
y hace corriente
lo que fue hermoso:
transforma la carcajada
en huesos quebrados,
los sueños
en cadáveres ambulantes.

Lo peor del amor
es que no es inodoro
ni insípido,
que deja marcas en el alma,
que corta la carne
a bocados
y torna indiferente
lo que antes fue esencial.

Lo peor del amor
es que termina.
Que después de los impagados